Las discapacidades cognitivas no son un límite

Con una discapacidad cognitiva posiblemente no se alcance a ser director de un banco, pero existe una cantidad de desconocimientos y tabú frente a tal tema. Al hacer referencia a una discapacidad intelectual o cognitiva hablamos de un problema que tiene como característica primordial el desarrollo mental retardado, por lo que se trata de una anomalía en el proceso del aprendizaje debido a la incompleta o tardía adquisición de las habilidades intelectuales en el tiempo en que se establece el desarrollo humano, siendo una consecuencia de ello una limitación importante del el proceso que se lleva de manera normal.  

¿A qué da pie una discapacidad intelectual?

Se trata de una condición de tipo intelectual variable en cuanto al funcionamiento de la misma, en oportunidades se acompaña de otras circunstancias que se asocian al área de la comunicación, cuidado personal, salud, habilidades sociales, habilidades académicas, desenvolvimiento en el hogar, trabajo y ocio.

Para realizar un diagnóstico con exactitud se debe acudir a un profesional, pero existen algunas características con las que se puede reconocer de algún modo que existe una condición, si entre ellas podemos contar más de cuatro o cinco en un individuo: 

  • Si el niño cuenta con más de 4 meses y aun no sostiene por sí solo su cabeza 
  • Si aún no se sienta solo y ya cuenta con más de 8 meses de edad
  • Si tiene más de once meses y todavía no consigue sostenerse en pie
  • Si muestra dificultades luego de los doce meses para pronunciar palabras o hablar
  • Al haber cumplido 17 meses y aun no camina sin apoyarse 
  • Si recordar no se le hace sencillo
  • Si el razonamiento lógico se le dificulta luego de los cinco años 
  • Si seguir normas o instrucciones se le dificulta

De modo general estos suelen ser algunos de los criterios que se toman en cuenta por lo que si se observan más de cuatro de estas características lo ideal es acudir a un especialista de manera que se realice un diagnóstico certero a través de diversas pruebas detalladas para demostrar si existe o no una discapacidad. 

Observar de cerca desde los primeros meses

Desde el nacimiento, se debe observar el comportamiento y respuestas ante el ambiente de un niño, conjuntamente con los diagnósticos que podía llevar a cabo el pediatra con los que se puede hacer un registro de si existe un retraso en el desarrollo y con ello ser referido a un neuropediatra para que este realice un definitivo diagnóstico.

Una vez en manos de un especialista, este debe realizar diversos estudios relacionados con el funcionamiento del cerebro y del coeficiente intelectual del niño, por medio de una medición en la capacidad del aprendizaje, el razonamiento y sus habilidades empleando diversas pruebas psicomotrices, y además solicitando otros exámenes como estudios de laboratorio, una resonancia magnética y un electroencefalograma, los cuales le servirán de forma  complementaria para alcanzar el diagnóstico, buscando respuestas más allá de lo que se puede observar y con ello poder canalizar la situación.

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